Lorca siempre hizo girar sus tragedias entorno al encierro, no solo un encierro físico sino también moral, social y, sobre todo, emocional. Las mujeres lorquianas se ven encerradas por un muro social que las oprime y las observa, que las asfixia con el qué dirán y con la expectativa social que las machaca. Doña Rosita en su jardín, donde se marchita el tiempo, o Yerma, donde su pueblo ejerce la función de cárcel colectiva de donde no puede escapar, son claros ejemplos de ello, pero quizás es en las hijas de la Bernarda donde ese encierro resuena con mayor fuerza. Y esa fuerza la transforma en verdad la compañía sevillana Las mujeres del Vacie, que este fin de semana ha vuelto a llenar la Sala TNT durante tres días seguidos con su interpretación del clásico «La casa de Bernarda Alba». Es la suya una propuesta que desde que sube el telón se despliega ya no solo como pieza escénica sino como un ejercicio de afirmación colectiva de las mujeres gitanas: Se toma la palabra en un espacio del que históricamente han sido excluidas. Un acto de empoderamiento sencillo que hace trascender la obra más allá del simple teatro convirtiéndose en un arma afilada, en un poderoso gesto y un grito al mundo.
Desde el primer momento queda claro que la obra no pretende ser fiel al original en lo que se refiere al texto o al tono, lo que persigue es dejar evidencia de que el encierro que allí se muestra es el encierro que la sociedad, aquí representada por la Bernarda, les ha obligado a padecer como comunidad durante años, una sociedad tirana y vigilante que les ha dado la espalda por decreto y bofetada. Las componentes de la compañía no son actrices profesionales, son mujeres que toman la palabra y que le prestan sus gestos, sus miradas y sus voces originales a los personajes, los cuales son ocupados como simples avatares, simples envoltorios de la mujer gitana que los ocupa la cual se deja ver, se hace oír sin artificios y dota así de una verdad cruda al testimonio que ahí se vierte, acercando la tragedia dramática al teatro documental. Te agarra, te lleva al Vacie y te dice Esto es lo que hay ¿Lo ves o no lo ves?. Y todo con una musicalidad, tanto oral como corporal, que devuelve la representación a la raíz popular del teatro lorquiano, al pueblo que es el que realmente necesita obras como esta.
Aquí aparecen puentes, caminos de unión entre el teatro clásico y la marginación, entre la dramaturgia canónica y la periferia ciudadana. La experiencia se convierte así en lo inesperado ya que donde un acto de integración social hubiera tenido que permitir que sus integrantes se transformaran y se hubiera producido una adaptación, ocurre justo lo contrario, es Lorca y su obra los que acaban teniendo que sucumbir y adaptarse al colectivo gitano que, con toda la fuerza, la rabia y el merecimiento del mundo, se apodera de la situación y de la palabra. La interpretación de las hijas de la Bernarda por aquellas que han sufrido lo mismo que ellas pero en el mundo real hace que la representación se convierta en un acto político y en un ejercicio de liberación colectiva. En silencio, sin gritar ni montar barricadas, la acción crea una herida por donde la esperanza comienza a colarse. Ya no hay marcha atrás, la verdad ha sido mostrada.
Una obra de resistencia, una representación verídica que te obliga a posicionarte, a tomar distancia para ver y escuchar al pueblo que allí se levanta. Un acierto en su planteamiento y, sobre todo, en su resultado. Federico hubiera sido el primero en levantarse a aplaudir, feliz y satisfecho. Orgulloso.
Isaac Álvarez Félix
Teatro TNT, Sevilla
30 noviembre 2025
