Sobre el escenario un espejo nos aguarda, junto a unas velas y un tablero de ouija. También una especie de ‘butaca’ a priori demasiado rígida para cualquier acomodo. Nos adentramos en un limbo donde el ambiente se enrarece y el misterio se desenvuelve mediante capas. Comienza la sesión de espiritismo.
Capa a capa, encontramos una oda al hecho teatral, una advertencia contra los discursos de odio de la ultraderecha y, como telón de fondo, el corpus lorquiano marcando el camino. La metáfora del limbo hace que no nos detengamos especialmente en ningún tema en particular; la intertextualidad y el juego meta-teatral que propone Tomás Afán en su premiado texto nos invitan más bien a apreciar la pluralidad de la que
está hecha la voz que escuchamos.
Cristina Mediero, bordando un trabajo muy meritorio, se echa a las espaldas nada menos que la memoria de Mariana Pineda, Yerma y Bernarda Alba, logrando no sólo darles continuidad y un hilo común, sino una reubicación diferente de sus voces en el contexto actual. Y lo hace sin perder cierta autoironía, intercalando lo ligero y lo trascendente en medio de la confusión que sufre el personaje. La dirección de Carmen Gámez hace que todo ello se conjugue con fluidez, de manera que parezca sencillo conducirnos por esta frontera entre realidad y fantasía. Pero no lo es, sin duda. Se trata de un montaje sobrio, narrado con fuerza y convicción.
Encuentro riqueza en algunos de sus pequeños detalles: en ciertas repeticiones que nos sumergen en lo onírico, en algunos apuntes sonoros, o en el simbolismo desplegado por ciertas imágenes vigorosas, como la resignificada navaja de Bodas de sangre o esa ‘saliva’ que es manantial de voz, que envenena, ahoga, pero también puede romper el círculo del odio y la violencia.
«Lorca Perdida» supone, en definitiva, una reivindicación, en forma de monólogo atmosférico, del carácter social de la poesía lorquiana, y de cómo ésta permea en nuestro inconsciente colectivo (‘Lorca-perdidas’ somos, por así decirlo, cuando ponemos el oído y dejamos hablar a la memoria), así como una reflexión sobre las condiciones de posibilidad de la poesía misma.
Antonio Nieto Aguilar
Viento Sur Teatro
21 febrero 2026
