Una vez vivía en Sevilla un muchacho de Granada que tuvo la suerte o azar de no perder la oportunidad única de disfrutar de bellísimas canciones en una lengua extraña a la vez que familiar y sentida. En un jardín con una reja y cañaverales, con unas sillas que se iban llenando lugareños mientras el sol se despedía, vio un escenario bien sonorizado para dos artistas, un espacio de memoria vestido con telas portuguesas, andaluzas y el palestino. Una copa roja, una copa verde y rosas completaban un paisaje listo para conmover el tiempo a la otra orilla de la isla de la Cartuja.
En el atardecer Rosario Solano cantó melódicamente y con ritmo, las acciones, cuentos y paisajes de Pepepérez. ¿O era al revés? El comediante hacia una lumbre con palabras, mímica, gestos y expresiones y ella tocaba con su voz, con las cuerdas del alma su guitarra. Quedamos encantados en cada momento, con historias extrañas, familiares y bellas. Despertábamos en el mismo lugar con siervos, condes, princesas, soldados y villanos de cuentos. La espera, el amor, los celos, el coraje, sortilegios, besos… La emoción cambiaba con el tono, aparecía la sonrisa, se contagiaba y se brindaba con el espíritu, se imaginaba el compromiso con nombres propios. En esta velada amena de canciones entregadas al oído se surco el rio con arte y se habitó, a la vista, el olvido.
Voz y guitarra: Rosario Solano
Narración y dramaturgia: Pepepérez
Asesoramiento musical: Chemón Cortés
Escenografía: La Compañía
Producción y distribución: Pepepérez Cuentacuentos
