«MANTENER FUERA DEL ALCANCE DE LOS NIÑOS»: las heridas de una infancia que siempre nos persigue – texto y dirección de María Velasco – en el Teatro de La Abadía por Asier Albertos

María Velasco vuelve a poner el dedo en una de las heridas más profundas y universales: la infancia. En Mantener fuera del alcance de los niños, estrenada ayer en el Teatro de La Abadía, la autora y directora construye un viaje por la memoria individual y colectiva, recuperando imágenes, sensaciones y recuerdos de un grupo de personas que creció sintiéndose, en muchas ocasiones, fuera de lugar.
La pieza mira de frente a los raros, los aislados, los frikis; a todos aquellos a quienes Velasco nombra como monstruos y entre los que reconoce haber pertenecido siempre. Una infancia atravesada por la soledad, la diferencia y la dificultad de encontrar un lugar en el mundo, y un grupo que te respalde y acompañe. Pero la propuesta no se queda en el recuerdo: establece un puente entre aquel aislamiento infantil y las formas de exclusión que continúan reproduciéndose en la edad adulta, donde los grupos, sus códigos y sus dinámicas siguen marcando quién pertenece y quién permanece fuera.
Hay algo tremendamente doloroso en esa imposibilidad de sanar durante la infancia unas heridas que, con el paso del tiempo, no necesariamente desaparecen, se vuelven rígidas, se transforman y acaban siendo más complejas de gestionar durante la madurez. La obra nos recuerda que crecer no siempre significa superar aquello que nos hizo daño.
Las imágenes tienen un peso fundamental en la dramaturgia. Algunas bastante incómodas, o reconocibles y muchas dejan entrever una memoria física, como si contemplásemos fragmentos de nuestra propia vida, de la suya. La escenografía, aunque quizá podría haberse aprovechado más a lo largo de la pieza, ofrece momentos de gran impacto visual y establece contrastes espaciales muy contundentes, capaces de transportarnos a lugares y tiempos concretos de nuestra memoria. El diseño de iluminación, exquisito, acompaña y potencia estos universos con una sensibilidad especialmente cuidada, casi mágica, misteriosa e irreal, al igual que las proyecciones de cine y terror que envuelven la trama al completo.
En escena, María Velasco está acompañada por dos artistas que enriquecen la propuesta desde lenguajes escénicos muy diferentes. Al-Blanco, cantaor flamenco, aporta una dimensión musical y emocional de la pieza a través de la voz, el cante en directo y el quejío, con palos como la toná, la seguiriya y una saeta atravesada por la electrónica. Su intervención conecta el dolor de las infancias excluidas con una tradición musical cargada de memoria, identidad y resistencia. Por su parte, Mario Patrón, bailarín y performer, construye desde el cuerpo un lenguaje físico que dialoga con el relato de Velasco, transitando entre la danza contemporánea, la performance y la expresión más visceral. Su presencia no se limita a ilustrar lo que cuenta la autora, sino que materializa corporalmente la exclusión, convierte en cuerpo la figura del monstruo, la diferencia y la necesidad de encontrar un lugar propio. Dos intérpretes que, desde el flamenco y el movimiento, convierten el escenario en un espacio de encuentro entre memoria, identidad y reivindicación de lo diferente. 
María no busca edulcorar la realidad ni hacer amable aquello que, por naturaleza, resulta incómodo. Hay imágenes escatológicas, grotescas, crudas y profundamente humanas. La vida aparece en toda su dimensión, también en sus rincones menos presentables. Y ahí encontramos una de las mayores virtudes de la propuesta: en su voluntad de mirar lo que normalmente apartamos, lo que escondemos y mostrarlo tal y como es, pero con algo más de compasión o de cercanía.
El público sale entusiasmado, pero también removido. Porque, de una manera u otra, todos reconocemos algo de nosotros mismos en esos niños que no terminaban de encajar. En quienes aprendieron demasiado pronto a sentirse diferentes, a esconderse o a construir un mundo propio para sobrevivir al de los demás. Ojalá saber quiénes de los que aplaudían de pie en el patio de butacas fue realmente excluido y quien se hizo el sordo. 
Uno de los grandes aciertos de la pieza reside, sin duda, en la riqueza y la potencia de su texto. María Velasco escribe desde una honestidad desarmante, sin miedo a exponerse, a incomodar ni a transitar por los lugares más oscuros y vulnerables de la memoria. Hay una verdad humana en sus palabras, una escritura que combina lo poético, lo crudo, lo grotesco y lo cotidiano con una libertad real. 
Sus imágenes tienen una fuerza casi cinematográfica: aparecen, se transforman y se encadenan con una capacidad asombrosa para activar recuerdos propios, despertar sensaciones olvidadas, olores y trasladarte a momentos de tu vida que creías enterrados.
Es un texto que no se limita a contar una historia, sino que te hace viajar dentro de ella, arrastrándote por un imaginario lleno de heridas, contradicciones y belleza, hasta conseguir que lo que parece pertenecer exclusivamente a la biografía de su autora termine hablándote directamente de ti. 
Mantener fuera del alcance de los niños es una invitación a regresar a ese territorio incómodo que llamamos infancia, para mirarlo con los ojos de quienes somos ahora. Porque hay monstruos que nunca dejaron de acompañarnos y heridas que, aunque aprendamos a convivir con ellas, siguen formando parte de nuestro día a día. 
Felicidades equipo, un gusto veros!

 

FICHA ARTÍSTICA Y TÉCNICA
Autora y directora: María Velasco
Reparto
María Velasco.
Al-Blanco (cantaor).
Mario Patrón (performer y bailarín).
Equipo artístico y técnico
Texto y dirección: María Velasco.
Coreografía: Josefina Gorostiza.
Diseño de iluminación: Jorge Colomer.
Diseño de espacio escénico: José Novoa.
Diseño de sonido: Juanjo del Pozo.
Asistente de diseño de vídeo: Alicia Soriano.
Equipo técnico: Víctor Sánchez, Juanan Morales, Moi Méndez y Kevin Dorman.
Estilismo: Antonio Mahugo.
Diseño de vestuario: María Velasco y la compañía.
Composición de música original: Tagore González y Al-Blanco.
Letras: María Velasco y Al-Blanco, a partir de Franz Kafka, Juan Ramón Jiménez y Susy Shock.
Asesoría musical: Ruth Rubio.
Entrenamiento actoral: Amelia Repetto.
Diseño de vídeoescena: Elvira Ruiz Zurita.
Asesoría artística: Marina Otero.
Ayudante de dirección: Ruth Rubio.
Producción
Producción: Teatro de La Abadía y Pecado de Hybris (Ana Carrera y María Velasco).
Producción ejecutiva: Teatro de La Abadía y Ana Carrera.
Distribución: Proversus.
Colaboración especial: Carmen Martínez-Raposo Caro.
Con el apoyo de: SIMEI y Ayuntamiento de Madrid.
Agradecimientos: Sociedad Cervantina, Patricia Caro, Elsa del Mar, Gian Carlo Pia Mangione y Borja Bonafuente.

 

Asier Albertos
Teatro de La Abadía
29 Octubre 2026

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio