ROCÍO MOLINA PRESENTA – «Caída del cielo»: una delicia brutal, en Teatros del Canal (Madrid) por Asier Albertos

Hay artistas que no necesitan pedir permiso para romper todos los límites. Rocío Molina es una de ellas. En Caída del cielo, la bailaora (por llamarla de otra manera a parte de bestia escénica) despliega una maestría escénica descomunal, una fuerza que desborda cualquier expectativa y una técnica tan extraordinaria que parece jugar con ella, retorcerla, desafiarla y llevarla hasta lugares donde deja de ser reconocible. Lo que sucede sobre el escenario es difícil de categorizar, porque precisamente escapa a cualquier etiqueta. Flamenco, danza, teatro, performance, instinto, provocación y pura libertad conviven en una propuesta que parece rozar los límites de todo sin pertenecer del todo a nada.
Molina es un animal escénico. Tiene una capacidad magnética para transformar el espacio, para habitarlo, sacudirlo y hacerlo suyo. Su cuerpo es lenguaje, percusión, dramaturgia, locura, fuerza y emoción. Hay una precisión técnica apabullante, pero también un sentido del juego fascinante, una libertad salvaje que convierte cada movimiento en una sorpresa. Puede ser delicada y brutal, elegante y grotesca, profundamente flamenca y radicalmente contemporánea. Una bata de cola, un cuerpo llevado al extremo, la sangre, el sudor y una presencia que deja mudo a cualquiera y que solo pide que te dejes llevar de su manita.
Y qué maravilla el universo que construye junto a quienes la acompañan. Cada intérprete, y cada intervención tienen una identidad propia y única, generando un diálogo vivo e inesperado. Nada parece responder a una fórmula convencional, porque en esa escena todo juega, todo se rompe La música en directo se convierte en un organismo más de la pieza, dialogando con el movimiento y alimentando una experiencia que respira, golpea y se reinventa constantemente.
La escenografía, minimalista en apariencia, es también una declaración de intenciones: no necesita grandes artificios para contar muchísimo. Deja espacio al cuerpo, y a ese universo tan particular que Molina es capaz de levantar con apenas un gesto. Una desnudez escénica que, lejos de restar, multiplica por mil
La iluminación merece una mención especial, ya que no funciona como un mero acompañamiento visual, se convierte en una herramienta dramatúrgica que ella utiliza y que respira al son de su propio compás. Y es que es muy inteligente utilizar la luz desde este punto, ya que ayuda a romper fronteras y que la escena y la atmósfera que conecta con el público vaya cambiando sutilmente y permita llevar al espectador a lugares que nunca se hubiese podido esperar.
Esta iluminación entiende perfectamente el lenguaje de Molina y contribuye a construir un universo imprevisible, crudo y completamente hipnótico.
Caída del cielo es una de esas experiencias que no se explican del todo. Una delicia bruta. Un golpe de mar que te arrastra y te lleva con ella allí donde decida, sin avisar, sin pedir permiso y sin darte demasiadas opciones para resistirte. Mucho arte, mucho riesgo, mucha verdad y una libertad escénica que resulta absolutamente embriagadora.
Hay algo catártico y liberador en asistir a una propuesta que no busca gustar, explicarse o encajar dentro de ningún cajón. Rocío Molina se lanza de nuevo al vacío con una confianza artística extraordinaria y consigue que quienes estamos al otro lado, perdamos también el suelo bajo nuestros pies.
Salgo del teatro, con la sensación de haber presenciado algo indomable, de esos acontecimientos escénicos que te recuerdan porque el arte necesita riesgo y los cuerpos todavía pueden sorprendernos. Pero sobretodo a demostrar como artistas como ella vienen a ensanchar la escena.
 

FICHA ARTÍSTICA Y TÉCNICA
Dirección y creación
● Codirección artística, coreografía y dirección musical: Rocío Molina.
● Codirección artística, dramaturgia, espacio e iluminación: Carlos Malquerie.
● Composición de música original: Eduardo Trassierra.
● Colaboración en la composición musical: José Ángel Carmona, José Manuel Ramos
«Oruco» y Pablo Martín Jones.
● Ayuda a entender el suelo: Elena Córdoba.
Elenco artístico
● Baile: Rocío Molina.
● Guitarras: Óscar Lagos.
● Cante y bajo eléctrico: Kiko Peña.
● Compás y percusiones: José Manuel Ramos «Oruco».
● Percusiones y electrónica: Pablo Martín Jones.
Equipo técnico
● Diseño de vestuario: Cecilia Molano.
● Realización de vestuario: López de Santos, Maty y Rafael Solís.
● Fotografía: Pablo Guidali.
● Dirección técnica e iluminación: Carmen Mori y Rafa Gómez.
● Sonido: Javier Álvarez.
● Regiduría: María Agar Martínez.
● Ayudantía de producción: El Mandaíto Producciones, S. L.
● Dirección ejecutiva: El Mandaíto Producciones, S. L.
Producción
● Una producción de Rocío Molina / Théâtre National de Chaillot (París).
● En colaboración con el INAEM.

 

Asier Albertos
Teatros del Canal, Madrid
30 Octubre 2026

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