«EMPAQUE» – Cía. Chicharrón Arte Flamenco – por Isaac Álvarez Félix

Empaque, eso que en el argot flamenco alude directamente a la capacidad de poseer la dignidad y la presencia que hace que todo se pare, tiempo y espacio, y la autenticidad, lo que importa de verdad, se muestre claro ante el que lo contempla. El arte, el duende, lo real, eso es, eso es el empaque. Y por eso no es de extrañar que Germán López haya elegido el vocablo para titular la obra que, al amparo de su compañía, Chicharrón Circo Flamenco, ha presentado estos días en el Teatro Alameda de Sevilla. Una pieza que va más allá de ser un espectáculo de circo, que se atreve a jugar con los conceptos de identidad y exilio emocional abrazándose sin complejos a la hibridación artística entre conceptos a priori tan distantes como el arte cirquense y el flamenco.

El artista, errante en su carromato, planta su campamento sobre el escenario, sus maletas y bultos, y nos muestra como el quejío puede adoptar la forma que quiera el que lo lanza y como puede dar lugar a un lenguaje nuevo, un lenguaje propio donde los malabares adquieren un protagonismo inusitado usurpando la tradición y adquiriendo una entidad potente y plausible dentro del hermetismo que suele llevar consigo el arte flamenco. Así, el uso de los malabares acaba totalmente justificado cuando el espectador descubre que su función, mucho más allá de lo meramente estético, pasa por ser quienes marcan el compás, de tangos y bulerías, en su choque contra el suelo, en sus vuelos entre manos, en sus golpes contra las maletas cambiantes que acaban siendo plataformas de despegue para las notas musicales en forma de proyectiles de goma. Los malabares se transforman en flamenco, el flamenco en malabares y el espectáculo en una obra con empaque, en una obra de arte auténtica.

Habrá quien piense que esto ya estaba, que El Circo del Sol ya lo hizo antes, pero dicha afirmación sería quedarse solamente en la superficie porque, si los payasos canadienses buscan dejar al espectador clavado en la butaca a través del asombro y de la acrobacia imposible, de la perfección absoluta tanto en lo visual como en la ejecución, aquí Chicharrón se despoja de máscaras y redes y lo que hace no es otra cosa que mostrar sin ambages su vulnerabilidad. 

Si una bola se cae, si una bola pierde el compás, el público se ve abocado a aplaudir igualmente pues el riesgo es estar allí y mostrarse desnudo con la única intención de transmitir la autenticidad del quejío propio, de ese lenguaje nuevo que, asombrados desde la platea, no podemos más que admirar por la verdad en la que va envuelta cada pelota y que se hace real ante nuestros ojos. En Empaque aparece la necesidad de mantener la tradición viva, tanto la oral como la del circo callejero, de que en un mundo en donde la eficiencia y la vorágine monopolizan todo se mantenga esa costumbre de pararse y mirar, de hacer con las manos con el objetivo de ser y, simplemente, de estar. De permanecer.

Con la ortodoxia propia de renovadores del género como Camarón o Morente, como incluso Rosalía o como Veneno, Germán López introduce como nuevo agente del cambio el arte del circo, la introducción de cuerpos y objetos nuevos para, respetando siempre la tradición, hacer que la rueda siga girando para que el flamenco siga vivo y, subido a su carromato, lo lleva como siempre se hizo, de pueblo en pueblo, de feria en feria, de un corazón a otro.

Innovadora y tradicional, llena de verdad y de, por supuesto, empaque. Una obra que trasciende más allá de la sorpresa y se aposenta en un espacio nuevo y propio, un lugar que hasta ahora no habíamos visto antes. No dejen de verla.

Vayan al teatro.

Zéntrense.

 

Isaac Álvarez Félix

Teatro Alameda, Sevilla

25 de marzo de 2026

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