«Vengo del viento» llegó a Sevilla justo con los primeros calores de 2026. Llegó a refrescar con las letras de intérpretes y poetas latinoamericanos que cobraron vida gracias a Adriana Diosa Colorado y a Óscar Manuel Zuluaga Uribe, creadores de la Corporación Arlequín y los Juglares, un proyecto artístico de Medellín, Colombia, comprometido con la interculturalidad, la equidad de género y la defensa de los Derechos Humanos. Y no podían haber encontrado mejor lugar que Viento Sur Teatro, un espacio multicultural desde su origen, fundado por el argentino Jorge Cuadrelli y la sevillana Maite Lozano.
La música sirvió de antesala y protagonista en esta obra que fue recital, poema, ritual y ofrenda. La voz, el canto, el cuerpo, el tiple, las maracas, el tambor y la mímica guiaron al público en un viaje por distintas geografías y memorias de América Latina.
El río Guadalquivir se dibujó con la primera canción que sonó de fondo y comenzó a tender un puente entre Latinoamérica y Sevilla. Pero no fue el único río presente en la obra. Paradójicamente, el viento sur llegó cargado de referencias al agua. Ríos, mares y costas evocaron territorios de abundancia y encuentro, pero también escenarios atravesados por la violencia, la desaparición y el despojo. Como ocurre con frecuencia en América Latina, belleza y dolor convivieron en un mismo paisaje.
Del sur llegaron la riqueza cultural de sus pueblos, la música y la celebración de la vida, pero también las huellas de la desigualdad, la exclusión y las múltiples violencias que han marcado la historia de la región.
Toda esa complejidad atraviesa la propuesta de la Corporación Arlequín y los Juglares. Adriana y Óscar han dedicado más de cincuenta años de trabajo artístico a acompañar comunidades, fortalecer procesos organizativos y promover la paz a través de la cultura. Su propia historia está marcada por la violencia que ha vivido Colombia, pero también por una profunda convicción en el poder transformador del arte.
La selección de poemas y canciones que conforman la obra da cuenta de ese compromiso. En las palabras de Pablo Neruda, Nicolás Guillén, Bertalicia Peralta, Ana María Iza, Ángela Valle, Los Cuatro de Chile, Alfonsina Storni y Bertolt Brecht aparecen los pueblos que resisten, las mujeres que desafían los mandatos de género de su época, los trabajadores olvidados y quienes, pese a todo, siguen imaginando horizontes de justicia y libertad.
No se trata únicamente de literatura o música llevada al escenario. Cada texto adquiere nuevos significados al pasar por los cuerpos, las voces y la experiencia vital de Adriana y Óscar. Es un río de voces que atraviesa América Latina, con sus luchas sociales propias, pero también con preguntas universales sobre la dignidad, la memoria, el amor, la libertad y la esperanza.
Y quizás ahí reside uno de los mayores aciertos de la obra. Aunque las referencias sean profundamente latinoamericanas, el público sevillano pudo reconocer en ellas realidades compartidas: la búsqueda de justicia, la necesidad de construir comunidad y el deseo de una vida más digna.
Al finalizar, queda la sensación de haber asistido a algo más que un recital poético. «Vengo del viento» es una celebración de la memoria, de la palabra compartida y de la resistencia. Como el agua que atraviesa silenciosamente toda la obra, la esperanza fluye entre cada poema y cada canción: no como una negación del dolor y la desigualdad, sino como esa fuerza persistente que sigue avanzando hasta llegar al mar.
Natalia Ortiz Suárez
Viento Sur Teatro, Sevilla
23 de mayo de 2026
