El día 23 de mayo tuvo lugar en el Teatro TNT dentro de la programación del FESTIVAL FOC LGTB de Sevilla, una celebración travesti sin precedentes. El colectivo de las niñas presentó por primera vez en Sevilla, su obra “ Historia de una amapola que escapó de entre los trigos” una obra que como ellas mismas defienden, se encuentra en constante evolución y transformación, pero que tiene un claro arraigo andaluz y que explora dentro de las raíces de este y la fusión con el folklore.
Esta obra que permite un halo ancestral y a la vez completamente contemporáneo darse la mano, honra el legado cultural de Andalucía desde los márgenes, reapropiándose de símbolos, músicas y gestos que históricamente han sido usados para encorsetar identidades. En sus manos a punta de escopeta, la peineta, la bata, el playback de folclórica o el quejío dejan de ser nostalgia para convertirse en arma política, en carcajada y en celebración colectiva como espacio de resistencia.
La función en TNT fue un viaje emocional lleno de contrastes. Había rave, danza, improvisación y humor absurdo; había una voluntad constante de romper la solemnidad para permitir que la emoción apareciera desde lugares inesperados. Las intérpretes transitaban entre lo animal y lo vulnerable con una fuerza desgarradora, creando imágenes de enorme potencia visual: cuerpos sudados atravesados por luces estroboscópicas, sombras que parecían fantasmas del folklore andaluz, labios haciendo playback de coplas mientras el teatro entero contenía la respiración.
Cada una de las integrantes aportaba un universo distinto al escenario. Había precisión física, carisma salvaje, intuición cómica y una capacidad extraordinaria para sostener la escena desde la verdad y el exceso a la vez. El espectáculo encontraba precisamente su fuerza en esa mezcla: lo precario y lo sofisticado, lo callejero y lo ceremonial, lo kitsch y lo profundamente político. Nada estaba colocado únicamente por estética; todo respondía a una necesidad de decir algo sobre el territorio, sobre el deseo, sobre la identidad andaluza y sobre quién tiene derecho a representarla.
Porque en Las Niñas hay reivindicación. Mucha. Una reivindicación de Andalucía alejada de los tópicos vacíos y del consumo folclórico superficial. Su propuesta recupera la potencia popular andaluza desde lo queer, desde la noche, desde las periferias y desde los cuerpos disidentes.
Hay orgullo de acento, de raíz y de barrio. Hay memoria y también rabia. Y, sobre todo, hay una voluntad muy clara de llevar esos códigos nacidos en la fiesta y en el club hacia espacios teatrales donde puedan dialogar con públicos más amplios sin perder su esencia.
Y quizá lo más emocionante de la noche fue precisamente el público. El Teatro TNT estaba completamente lleno. Butacas ocupadas por generaciones y perfiles muy distintos: hombres mayores, gente jovencísima, personas habituales de la escena queer y espectadores que probablemente se acercaban por primera vez a una propuesta así. Todos unidos bajo una misma energía. El jaleo constante hacía temblar literalmente las tablas del teatro. No era el aplauso distante de quien observa una pieza contemporánea desde fuera; era la respuesta física de una comunidad reconociéndose en escena.
Lo que Las Niñas están construyendo tiene algo muy valioso: la capacidad de convertir la fiesta en lenguaje escénico y el transformismo en patrimonio vivo. Su estética no busca únicamente impactar, sino generar pertenencia. Y en tiempos donde tantos discursos culturales se vacían de verdad, encontrarse con una propuesta tan excesiva, tan frágil y tan honesta resulta profundamente necesario.
