«MEMORIAS DE LA LUNA GRANDE» -Desobediencia Teatro» por Clara Mayo

Hay obras que te atraviesan. Se cuelan por la garganta hasta las tripas y te las revuelven con caricias y pellizcos al unísono, porque la poesía escénica es dulce, pero el feroz asesinato del poeta entre poetas seguirá removiendo corazones y conciencias mientras que las personas sigamos albergando latidos de corazón.

Memorias de la Luna Grande es una de estas piezas que han nacido para trascender.

Una premisa aguda: el crossover imposible de dos iconos como Federico García Lorca y Chavela Vargas, una dramaturgia impregnada del arte de sus protagonistas que hila un sueño onírico y a la vez terriblemente terrenal con aguja de plata, amor y buen hacer, un diseño de iluminación exquisito y unas actuaciones que sacuden el pecho.

Armando Buika, cuya presencia ya es un loable elemento escénico, y su voz envolvente, construye el alma de Federico con dulzura, sensibilidad y contundencia, mientras que Sara Sánchez encarna a una Chavela Vargas perfecta sin caer en imitaciones burdas de acento y con una fiereza sublime.

“Si volviera a nacer sería gitano en Granada y negro en Harlem”

“- Federico, ¿desde cuándo eres negro

-Desde que me enamoré de un muchacho con la cintura de un potro”

Estamos en algún lugar entre el cielo y la tierra, entre lo justo y lo crudo, entre la poesía y lo mundano. El lenguaje que propone la obra es bello, accesible, con una pequeña dosis perfecta de lenguaje gestual y un diálogo que no pierde el ritmo en ningún momento y nos hace viajar hasta lo más recóndito de Chavela y de Federico en una conversación imposible, cargada de verdad.

Cualquier humana que sea humana y que tenga entrañas tiene la capacidad de estremecerse con esta obra, que nos arrancó al público de los asientos en cuanto el fundido a negro arrulló a La Fundición, para bramar cuatro bises.

De las mejores obras que he visto en el último lustro en La Fundición. Enhorabuena al elenco, a Antonio Miguel Morales por el libreto (el cual la que redacta querría tener entre sus manos) y a Héctor Seoane por esta dirección atemporal capaz de sacudir a todas las generaciones.

No todos los días se conoce a un Federico negro, pero a diario podemos recordar que en el teatro sea, posiblemente, el último refugio de las almas de los artistas muertos.

Así que…

Vayan al teatro, zéntrense.

“Federico, tienes la lengua de tierra. Quizá yo también tenga la lengua de tierra”

“Se me ha olvidado, Federico, que tú nunca has sido viejo”

“Soy yegua sin potrero”

 

Clara Mayo
Teatro La Fundición, Sevilla
23 mayo 2026

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